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| Frank Bernard Dicksee (1853-1928)-'Romeo and Juliet'-oil on canvas-1884 Southampton-City Art Gallery |
"El hombre está previsto para vivir en sociedad y para aparearse. " No es bueno que esté solo", dice al principio el Génesis. Y luchará con todas sus fuerzas por no estarlo. La naturaleza le suministra un instrumento que será más o menos rústico según sea utilizado de una forma más o menos personal y concreta: el amor. A nadie se le obliga a la heroicidad. Quedémonos con el amor de la pareja (en ella está muy claro: es un deseo de unión, el más inmediato antídoto contra la soledad, el águila bicéfala), y pongámonos en el mejor de los casos: una pareja que haya atravesado, a un tiempo y de la mano, todas las antecámaras del amor: la del amor-impulso, vivido como una atracción física; la del amor-sentimiento, vivido como una atracción y una posterior adhesión de caracteres; la del amor-decisión, desarrollado como una convivencia.
No es fácil, por supuesto, llegar hasta tal fondo de la casa, a tal cuarto de estar. Porque, al principio, el amor es un suave pensamiento. Alguien pasa y decimos: "Qué hermoso el mundo con esta luz enfrente, con esta luz iluminando el cielo". Es un primer peldaño balbuceante. Al amor todos estamos convocados, y capaces de amar somos todos. Es el sujeto-objeto lo que cambia. No hay amores fatídicos, o en muy escaso número. No hay una media naranja buscando la otra media: naranjas de la China. Romeo empieza la tragedia llorando por una amada desdeñosa: Julieta casi comprometida con Paris. Si no se hubiensen encontrado - lo cual habría sido mucho más natural - quizá, Rosalina hubiese correspondido al muchacho, y la muchacha al conde. quizá habrían disfrutado de unas vidas largamente felices, y si la intensidad y la extensión son compatibles. Hoy, si se cuentan historias de Romeos y Julietas, es precisamente por su excepcionalidad. No hay que hacerse ilusiones: en general, las Julietas y los Romeos son intercambiables.
El segundo peldaño...

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