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Tú vas a ser
siempre
el cristal del tren
que cruza mis días
a trescientos kilómetros
por hora
O el nudo que ata
sin quererlo
los naranjos a sus flores
No tengo billetes...
Los quemé en pequeños
aviones de papel.
Sin embargo han inventado
los trenes...
Estoy aquí
metida
en el polvo
de la casa
que está al lado
de la casa
que está al lado
de la casa
que está al lado
Mirando,
desde la ventana,
las líneas de hierro
que dibujan
equipajes sin destino,
consignas de silencios,
un hoy de devoluciones.
Los gritos del tren
que mueren a cada estación
son un adiós
por no poder cambiar
de mundo.

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